miércoles, 10 de septiembre de 2008

El loro

 

 

Un tendero poseía un loro cuya voz era agradable y su lenguaje divertido. No sólo guardaba la tienda, sino que también distraía a la clientela con su parloteo. Pues hablaba como un ser humano y sabía cantar... como un loro.

 

Un día, el tendero lo dejó en la tienda y se fue a su casa. De pronto, el gato del tendero divisó un ratón y se lanzó bruscamente a perseguirlo. El loro se asustó tanto que perdió la razón. Se puso a volar por todos lados y acabó por derribar una botella de aceite de rosas.

 

A su vuelta, el tendero, advirtiendo el desorden que reinaba en su tienda y viendo la botella rota, fue presa de gran cólera. Comprendiendo que su loro era la causa de todo aquello, le asestó unos golpes en la cabeza, haciéndole perder numerosas plumas. A consecuencia de este incidente, el loro dejó bruscamente de hablar.

 

El tendero quedó entonces muy apenado. Se arrancó el pelo y la barba. Ofreció limosnas a los pobres para que su loro recobrase la palabra. Sus lágrimas no dejaron de correr durante tres días y tres noches. Se lamentaba diciendo:

“Una nube ha venido a oscurecer el sol de mi subsistencia”. Relucía como una escudilla. El loro, al verlo, exclamó:

“¡Oh, pobre desdichado! ¡Pobre cabeza herida! ¿De dónde te viene esa calvicie? ¡Pareces triste, como si hubieras derribado una botella de aceite de rosas!”.

 

Y toda la clientela estalló en carcajadas.

 

Dos cañas se alimentan de la misma agua, pero una de ellas es caña de azúcar y la otra está vacía.

 

Dos insectos se alimentan de la misma flor, pero uno de ellos produce miel y el otro veneno.

 

Los que no reconocen a los hombres de Dios dicen: “Son hombres como nosotros: comen y duermen igual que nosotros”.

 

Pero el agua dulce y el agua amarga, aunque tengan la misma apariencia, son muy diferentes para quien las ha probado.


Tags: cuento, Rumi

Publicado por jorgezanguitu @ 5:26
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